Una decena
de 'susurradores' franceses
han tomado las estaciones de la capital de México
para murmurar versos al oído de unos
sorprendidos pasajeros: reivindican
"el derecho de irrupción poética"
y un "intento de ralentización
del mundo". Armados con abanicos,
largas cerbatanas
y paraguas, '
Les Souffleurs'
('Los Susurradores')
irrumpen en silencio en la marabunta que
inunda la estación Insurgentes e invitan a los
usuarios del metro a tomarse el tiempo para
escuchar algún poema en su camino al trabajo.
"Aquí la gente es más receptiva a la poesía,
más que en Francia. Se toman más tiempo,
hay una gran curiosidad",
dice Olivier Comte,
fundador de
'Les Souffleurs'.
Esmeralda Rodríguez,
una joven que trabaja como telefonista,
se muestra encantada con los 'susurradores'.
"Llegas angustiada y nerviosa y esto te relaja,
te transporta a otro universo,
lejos de la realidad", confiesa.
Un anciano,
visiblemente desconcertado,
se endereza las gafas para ver mejor,
y estira de la manga de su vecino para que
le explique de qué se trata. "¿Qué hacen?",
pregunta. "No lo sé, parece que están galanteando",
le responde una 'susurradora' que atraviesa
la multitud para tomar de la mano a un guardia
de seguridad del metro,
al que conduce sobre
un escenario
imaginario.
Abre su abanico,
lo coloca entre su boca y la oreja
del agente y le susurra un poema.
El hombre permanece impertérrito,
pero luego esboza una sonrisa
y vuelve a su puesto.
Cuando no recitan un poema,
lo escriben en un papel,
lo pliegan y lo deslizan en algún bolsillo,
al azar.
Esta es la primera gira
por el extranjero de 'Les Souffleurs'
desde la creación en 2001 de este
colectivo de 27 artistas
-actores, bailarines, cantantes-,
que según su disponibilidad
profesional se ponen al
servicio de las
cerbatanas.
Aparecen en las manifestaciones,
las ceremonias oficiales,
en ferias del libro o en los
festivales de teatro callejero.
Su intervención en el metro
parisino encantó incluso
a los servicios de seguridad,
que tuvieron ese día una jornada
inusualmente tranquila.
Sus
vestimentas
negras son
un guiño al teatro
británico del siglo XIX. Cuando un actor moría,
un técnico vestido de negro le reemplazaba
vestido de negro y leía su texto.
Los 'susurradores'
abogan por una forma de
expresión elegante y gratuita.
Sus gestos y sus movimientos
en los pasillos del metro son
nobles y seductores.
La coreografía,
simple y embrujadora.
"La ternura se convierte en insolencia,
es un gesto importante",
afirman.'Les Souffleurs' destacan
el carácter universal de su arte
y un público ecléctico.
"Del vagabundo al ministro",
asegura, orgulloso, el actor
y escenógrafo Olivier Comte.
Fuente: AFP Vía Daniel Méndez
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