No soy impaciente.
Puedo vivir en la oscuridad
de una caja cerrada,
en la triste soledad de
tu despensa.
Puedo esperar meses,
incluso años a que me necesites.
Se esperar.
Tengo ternura,
terrones y
terciopelo.
No me importa
que cada mañana
desayunes con otro,
en el fondo sé,
que yo te excito más.
Una tarde cualquiera,
con algún estúpido pretexto,
me necesitarás.
Seré la bolsita
con la que jugueteen tus dedos,
seré el amante Té;
reposado y excitante.
Te beberás
mi amor a sorbitos,
humedeciéndote los labios
y dejarás por fin que me diluya
tenaz dentro de ti para siempre.
Un Microrelato
From Aticolunatico
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Aloha Navegantes...
Estoy de estreno!.
Hace tiempo que guardo pequeños
relatos en el Baul del Atico...
Hoy por fin, he sacado algo
de tiempo para colgar
este primer relato
que escribí hace
ya casi cuatro veranos,
cuando era Cartero,
y sacaba el simulacro
de Bukowski que
uno lleva dentro...
Espero que os gusten...
Los que son cortos
los pegaré aquí,
directamente...
los + largos
os pondré un
link a un
pdf...
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HABANA,15
Madrid 25 de Agosto de 2002
A ellas las despierto
empastilladas de rutina.
A ellos me los cruzo en
la paradita del bar,
típicamente borrachos,
maldiciendo al Litri
entre caña y caña.
A ellas las interrumpo
de niños y televisión.
A Ellos los observo
mientras comentan
el partido de anoche
y retrasan la vuelta al tajo.
A Ellas las abro la puerta del portal,
cuando bajan para ir al
mercado o a sacar al perro,
mientras el suyo trabaja sin parar
hasta las ocho del andamio,
las cinco del fluorescente
o las tres del cartero.
A ella en concreto
la despierto más tarde,
a eso de las doce,
cuando su vorágine
y la mía dan un parón.
...Miro
mi
libro
de
certificados....
Sonrío.
...Carta certificada
para el 1ºA de Habana,15.
Mientras reparto las últimas cartas
de su portal, ella ingiere su tercera
cápsula bicolor contra la tristeza.
Las doce.
Subo las escaleras.
No llamo a la puerta,
ella me espera.
Aparco mi carrito
amarillo en el
descansillo.
A llegado la hora
del almuerzo.
Media hora de desayuno
eroticotoxicomano.
El tiempo justo para
buscarnos a tientas
en el oscuro laboratorio
fotográfico,donde congelamos los
instantes para vencer a la muerte.
Su cuerpo maduro tiembla,
suspira y se estremece
bajo la bombilla roja.
Mis manos exploradoras
conquistan su sonrisa vertical
y provocan otra horizontal.
Me gusta hacerla sonreír.
Hoy no se comerá más pastillas.
La felicidad le durará al menos un día.
Soy el fármaco cartero...
Soy el fármaco cartero...
Soy el fármaco cartero....
Su marido escuchará
extrañado como canturrea
feliz mientras friega los
platos esta noche.
Doce y veinticinco.
Ella fuma un cigarro y
yo me lío un canuto.
Mis hijos van a volver de la
piscina dentro de un rato, -me dice-
me voy al mercado.
Sonrío.
Mañana no paso
por esta calle -contesto-
Sonríe.
Es una lástima -dice-
tendré que ir otra vez a la farmacia....
Me escapo como en
un anuncio de vuelta a la
Central Nuclear de Cartas
de Correos,
mientras bajo
las escaleras,
vuelvo a sonreír,
de medio lado,
como un ratón,
pensando que
la vida del cartero
suplente de verano,
no es tan aburrida
como me había imaginado.
Un Microrelato de Verano ® From Aticolunatico
Madrid 25 de Agosto de 2002
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